Nadie escucha mis gritos



Necesito dormir, pero dormir de verdad, descansar. Necesito despertar y que todo esté bien. Hace tanto que no me levanto con energías... hace tanto que apenas duermo un par de horas. Estoy cansada, agotada.

No pensé que caería de nuevo, ni con tal fuerza. No, estaba segura de que esta vez todo sería diferente, que haría las cosas bien. Pero no ha sido así. Y es que no sé en qué punto dejé de ser yo misma, en qué momento me aislé del mundo. Perdí la ilusión, esa que te dá la energía vital que te mantiene en movimiento, viva. Me escondí del mundo, dejé de interactuar con el planeta. Me he limitado los últimos 3 años a realizar las cosas básicas, las responsabilidades inalienables del día a día. Poco más, poco menos.

Me olvidé de mi misma, me dejé de lado. Dejé de trabajar, de estudiar, de nutrir mi alma. Me he ido aislando paulatinamente del mundo. Me he ilusionado varias veces ante varios proyectos, pero jamás he desarrollado ninguno. Así como me ilusiono, me desilusiono. O simplemente pasan los días, baja la ilusión, y todo vuelve a ser como antes. Nada cambia.

Y un día te despiertas y no te reconoces al espejo. No, esa imagen no eres tú. Y esa imagen te persigue a donde quiera que vayas, porque es tu reflejo. Y te das cuenta de que odias en lo que te has convertido. Que no te gusta tu vida... y decides cambiarlo todo, o al menos aquello que más te duele.

Y piensas que el problema es que estás gorda. Claro, ¡bingo!, eso va a ser. Por eso estás triste, por eso no te apetece nada. Porque estando gorda no quieres salir a la calle, estando gorda nada te hará lucir bien, te pongas lo que te pongas. En cambio, si estuvieses delgada serías feliz, todo cambiaría mágicamente. Te gustarías, te aceptarías, te sentirías con fuerzas para enfrentarte a lo que sea.

Y comienzas una dieta que te impones tú misma. Te prometes que esta vez, esta vez lo harás bien; nada de locuras, nada de dejar de comer. Si otros pueden, tú también podrás; sabes que será un proceso lento, pero lo comienzas con mucha ilusión. Intentas no obsesionarte, distraes la mente. Pero...

Cuando llevas 15 kilos perdidos y aún no te sientes feliz, pero ni un poco, entonces te preguntas qué es lo que está fallando. Porque hace 4 meses hubieras matado por tener 15 kilos menos. Pero hoy, con 15 kilos menos, lo único que sientes es que aún faltan 5 por perder. Te pesas 456 veces al día. Te miras constantemente al espejo, como si fuese posible notar alguna diferencia de la mañana a la tarde. Estás constantemente tocándote, pensando en lo que no te gusta de tu cuerpo, sintiéndote miserable. Has bajado 15 kilos, pero aún sientes que no tienes nada que ponerte, porque con nada te ves bien, porque todavía falta. Cuando te echas algún trapo encima porque tienes que salir, sí o sí, estás constantemente revisándote, en cualquier superficie que tenga reflejo, para estar completamente segura de que no vas enseñando nada que debas esconder, revisando que la ropa que lleves no muestre tu absoluta imperfección, o la mierda en la que te has convertido.

He de aclarar que nunca he sufrido sobrepeso. De niña fui siempre delgada. De adolescente, quería serlo aún más, como todas, supongo. Pero para mi siempre resultó muy fácil bajar de peso; si cogía algún kilo de más, simplemente dejaba de comer y en pocos días ya estaba hecho. Así que realmente para mi nunca supuso un problema estar gorda ni me ha costado jamás mucho esfuerzo perder peso. Como vivía obsesionada por este tema, realmente no me descuidaba jamás.

Hasta que... me casé. Al año de haberme casado, había engordado como nunca en mi vida, unos 8 kilos. Me horrorizé y me puse a régimen; pero...no bajé los 8 kilos que había ganado, sino que bajé 14 kilos. Paré de perder peso el día en que me puse un vestido rojo que me encantaba y, al mirarme al espejo, me asusté: no parecía una mujer. Parecía un palo, sin forma alguna. En esa época me hice adicta a los laxantes: por cada bocado de comida que ingería, me laxaba. Me daba terror y pánico volver a engordar. Iba al gimnasio como una posesa, 5 veces por semana, tres horas diarias. Me mantuve muy delgada, perfecta, hasta que me embarazé de mi primer hijo. No podía mantener el ritmo desenfrenado que llevaba, y entonces... engordé 24 kilos. Un año y poco después, dejando de comer, y machacándome con ejercicio, recuperé completamente mi cuerpo. Pero tuve un segundo hijo... Y con este segundo embarazo, que fue delicado y de alto riesgo, estuve los 9 meses en cama, prácticamente; así que gané 26 kilos. Dos años después, volví a las andadas, dejé de comer y volví nuevamente a recuperar mi figura, y la mantuve hasta hace tres años. Pero siempre lo hacía igual: el día que en mi cerebro decía "¡basta!" y me decidía a perder el peso ganado, ese día dejaba literalmente de comer. Nunca he sabido hacerlo de otra manera.

Esta vez no ha sido un nuevo embarazo el culpable. Esta vez no sé qué ha sido. Esta vez es la primera vez que me descuido tanto, que me dejo completamente, sin ningún factor desencadenante (como lo es un embarazo). La de mi avatar soy yo, hace tres años. Todo el orgullo que sentía de verme así con 34 años y dos hijos, se ha ido a la mierda. Ahora, con 37 años, siento que estoy a un paso de los 40, y que ya se acaba todo. Es como si ya no valiera la pena, porque se me ha escapado el tiempo entre las manos. Que ya dá igual todo, porque... total, ¿para qué?. Estoy vieja, y no tengo nada. Y es que sigo pensando y sintiendo igual que cuando tenía 25 años: a los 40, qué hay? A los 25 me daba miedo pensar que algún día tendría 40. Ahora que estoy tan cerca de ellos... tengo verdadero pánico. Estoy completamente desubicada porque me siento igual que hace 5, 10, ó 15 años... Pero es evidente que ya no soy la misma. Y no me entra en la cabeza. No lo acepto.

Y es que ya no se dan la vuelta para mirarme con rabia y envidia las mamás gordas y viejas, cuando dejo a mis hijos en el colegio. Y es porque ahora, yo me he convertido en una de ellas.

Nadie escucha mis gritos. Ya no me queda voz...

3 Comments:

  1. *_-_Mi mUNdO D MaLvAvIsCo_-_* said...
    hola prin
    supongo ke es normal
    ke subaz despues d un ijo
    i tambien mas normal
    i genial k bajes jeje
    besos
    paleprincess said...
    puf. mi historia es bien diferente, vivo en pareja aunque no casada, y no tengo hijos(tengo un gato pero ese no me engorda el pobre!) pero la primera parte de tu escrito parece sacado de mi mente. no me gusta mi vida. no me gusta lo que he hecho. no me gusta la persona en que me he convertido. he tenido que abandonar tanto por el camino... dicen que la madurez es el proceso de abandonar sueños de la adolescencia y cambiar... pero no me gusta.
    creemos que la culpa de todo la tiene nuestro cuerpo cuando es nuestra mente la responsable, e incluso aun asi no nos damos cuenta de que a veces no tenemos otra opcion.
    en fin.
    sabes? tu eres la mama diez. que mas da que las otras ya no te miren con envidia. a lo mejor siguen mirandote y tu no te das cuenta.
    tengo pocos años menos que tu (hago 32 castañas en septiembre) pero se perfectamente cual es el miedo a los 40. todos los dias me miro al espejo y veo como las lineas de expresion de mi cara van mutando a surcos, como la gravedad impone su ley en segun que zonas que antes desafiaban arrogantes la atraccion del suelo... pero no te agobies, ok? tienes dos niños precisos que te quieren y dependen de ti, me imagino que tu marido tambien, y quien consiguio adelgazar 26 kilos de un segundo embarazo, puede conseguir lo que quiere. lo unico, ponerte a ello, controlarte, y darte cuenta de lo poderosa que eres. y creertelo.
    y no desesperes que nosotras te oimos.
    besos linda
    aNa said...
    tIeNeS ToDa lA RaZoN Te aDmIrO bEsOs y aNImO.

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