
Tengo un ataque de ansiedad porque he comido.
He salido de paseo familiar. Me he puesto un vestido precioso. Un vestido que ya me está enorme, pero aún así sienta genial. He estado muy contenta desde ayer, al ver por la mañana que he bajado a 62,6 kg. Pero eso se terminó hoy.
Pero claro, una se emociona; entre que has bajado, entre que te sientes más delgada... ¡Hala!. A cagarla. Y yo pensaba, "bueno, tranquila, come y disfruta, ya luego lo arreglamos"... torpe de mi. A ver cuántos días tendré que estar otra vez sin comer para "arreglar" el destrozo: un trozo de pan con tomate; un chorizo; un poco de tortilla de patatas; dos triangulitos de queso curado; una cerveza con limón.
Me dan ganas de llorar como una niña de sólo pensar que mañana ya no veré el 62. Por los momentos, 3 pastis laxantes, dos litros de agua. Y mucha, mucha angustia.
Me he comprado hoy un piercing nuevo (tengo un piercing en el ombligo); es un osito que abraza un cristalito de swaroski, precioso. Pero ahora con la tripa hinchada de chorizo, pan, laxantes y litros de agua, estoy ahogando al pobre osito. Y a mi alma, también.
:(((