Un antes, cuando no sé en qué momento perdí el control y me dejé llevar, día a día. Un antes en el que no sé cuándo dejó de importarme mucho nada; un antes en el que iba escapando de la realidad día a día, fabricándome un microcosmos en el que refugiarme del exterior. Un antes en el que, durante tres años, me fui transformando. ¿El resultado? Aquí está...

Cuando miro fotos de ésta época, siento rechazo, repugnancia; no me cabe en la cabeza que esa, efectivamente, soy yo misma. No entiendo cómo tenía valor de salir a la calle, a dejarme ver así. Se me hace un nudo en el estómago, y siento pánico. Es cuando cierro los ojos, dejo resbalar mis manos por mi vientre, acariciando mis caderas, me abrazo y entonces se me espanta el miedo. Ya no soy esa, ya nunca más seré así. Nunca más. Ahora, como debe ser, como siempre ha sido y será en adelante, esta soy yo...


Y lucharé porque nunca más esa de antes regrese. Esa que nunca debió haber existido. Ha sido la única vez en toda mi vida (sin la excusa de un embarazo) en la que me he maltratado tanto. No la dejaré volver.
Y ahora, si me lo permitís, voy a bailar sola. Voy a abrazarme, a sentir, aunque sea durante los 8 minutos que dura ésta versión en vivo de la canción de la que os hablé en mi anterior post, y voy a dejar que esa alegría que transmite me contagie, me invada y me llene. Y me voy a permitir, durante esos 8 minutos, simplemente, ser feliz...
Lo necesito. Realmente lo necesito.
Si, tenemos que aprender a vivir con esto o si no volveran estas bestias traga comida que eramos.
Mil besitos
Tia me has dejado sin palabras. Estas estupendisima! Ojala yo me vea la mitad de como tu estas pronto. Me alegro que vuelvas a escribir diariamente. Se te echaba mucho de menos guapa!
y gracias por todo el apoyo. Eres genial