
Esta soy yo, haciendo el mono en la playita, al amanecer. Adoro levantarme a las 6, cruzar la acera que me separa de la orilla del mar y esperar la salida del sol, para luego hacer miles de fotos. Yo casi nunca, por no decir nunca, salgo en las fotos; sin embargo, esta vez a mi loco le dió por hacerme algunas. Horror. Yo la estaba pasando relativamente bien, en mi playita, con mi arenita, tomando el sol y poniéndome negra. No hay cosa que disfrute más que tomar el sol, pese a que me cuesta lo suyo lidiar con mis múltiples complejos; pero una vez estoy tirada en la toalla inmóvil, logro desconectar de toda esa mierda mental al menos un rato.
La pasé bien y mal. Bien, porque no me canso de repetir que adoro la playa, la arena, el mar, el sol, el aire de la playa... Me iría a vivir encantada a un lugar cerca del mar. Pero... Porque claro, siempre hay un pero, ¿no? Pues ya desde antes de salir de viaje, mi súbdito comenzó unos días atrás a decirme lo muy delgada que me encontraba. Y sí, llegué a bajar hasta los 57 kilos. Es que no puedo evitar, no puedo, pensar que con un kilito menos estaría mejor. Mi mejor amiga también se alarmó cuando me vió, porque me dice que cada vez que me vé estoy más delgada y que está asustada porque piensa que de aquí a un mes me tendrán que hospitalizar si sigo así. Me cuesta convencerles de que eso no sucederá, que estoy bien. Y lo que no les digo es que no me veo tan delgadísima como ellos me señalan. Pero para nada me veo flaca ni mucho menos. Me veo "normal".
Así que ya salí de viaje con la presión encima de mi súbdito, que no entiende lo terriblemente mal que me sienta que me diga que estoy demasiado delgada (se puede estar "demasiado" delgada en serio pesando lo que peso, midiendo lo que mido? pues según yo, no!). Encima, no pude llevarme la báscula porque eso sí que no me lo iba a permitir mi súbdito, así que una presión más añadida, ya que como sabéis, me peso varias veces al día, todos los días sin excepción. Luego, ya en la playa, allí nos encontramos con una pareja de amigos y todo lo hacemos juntos (excepto compartir alojamiento). Y tuve que soportar los malditos comentarios de burla de él, y de preocupación de ella... uno tras otro: "dios, qué delgada que estás!", "pareces un saco de huesos", "cuánto más morena te quieres poner?, es que estás negra!", "te va a dar un cáncer de piel de tanto llevar sol", "ayer ví una vieja pellejúa y rubia por la calle y pensé que eras tú", y lindezas por el estilo. La hora de comer era la peor: "ah, pero es que vas a comer?", "ah, pero es que tú comes?", "come, come, tienes que engordar como 5 kilos para verte bien". Llegué a llorar a escondidas, encerrada en el baño, sintiéndome como cuando tenía 7 años y mi mejor amiga se burlaba de mi.
Y engordé, of course. Me fuí pesando 57-58 kilos y la noche que volví, me fui directa a desnudarme y subirme a la báscula... 61.4 kgs. Fué como una bofetada. Porque sí me sentía más llenita, la verdad, pero realmente no puedo decir tampoco que me sentía TAN gorda como me decía esa mierda de número. Dos días de apenas probar bocado (vamos, como para que me diera hambre después de eso!), y en dos días ya marcaba 59 y me sentía más ligerita. Y me confié... En el sentido que sentí que con un par de días de dieta arreglaba un par de kilos. Y eso ha desencadenado algo que no me sucedía hace mucho: los ataques de hambre nocturnos. Yo puedo estar sin comer todo el día, pero cuando entro en estas fases, por las noches no soy capaz de controlarme, me entra una ansiedad terrible por comer de todo. Lo bueno, dentro de lo malo, es que realmente me lleno con poca cantidad; así que la gracia no me sale del todo mal porque literalmente no me entra más comida. Si no, arrasaría la nevera, como me sucedía en el pasado. Ahora simplemente, no puedo. Sigue siendo una cantidad de comida enorme, tomando en cuenta de que como muy, muy poco; pero al menos me queda el consuelo de que no son cantidades bochornosas de comida. Algo es algo.
Así que aquí estoy. Otra vez mal. Porque hasta hace dos día no me sentía mal, ni gorda. Me sentía más bien hinchada y sabía que en pocos días lo podría remediar. Pero ahora me encuentro mal, porque mire donde mire sólo veo grasa, redondeces, celulitis, flacidez. Ahora sí me siento gorda, nada de hinchada, y eso es lo peor: que no hay dios a quien se lo puedas decir porque te van a tildar de loca obsesiva. Y esa es otra; estoy tan harta de todo... "estás demasiado morena ya", "estás demasiado delgada ya", "estás fumando demasiado", demasiado demasiado demasiado... demasiado qué???
Jo. No quería regresar con los ánimos bajos, al contrario.Pero en esta montaña rusa emocional que vivimos nunca se sabe, y este es el único espacio realmente privado que tengo. Si quien me lea piensa que estoy loca, me dá igual... así como me dá igual quien no piense eso. No escribo para que nadie piense nada de mi, precisamente no quiero ser juzgada, ni criticada. Aunque obviamente siempre habrá detractores y seguidores de tu causa... Es inevitable. Pero en fin, que no busco ni aprobación ni desaprobación; es simplemente un grito al vacío.
Me voy a mirar una peli en sesión de cine casero, en estado familiar total. A ver si me despejo un poco la cabeza, que un día de estos me va a estallar. Mañana me toca hacer ronda por vuestros mundos, que me muero por saber cómo os va el verano a todas.